Esa doctrina desquiciada a la que Nietzsche le imprimió su impronta moral poniéndola en boca de Zaratustra –pero que antes se encuentra en los pitagóricos y en el estoicismo– dice que este mundo, este universo, y con él cada hombre y su escenario, cada muerte y su olvido, cada cuerpo mutilado por espadas infames o por perversas bombas fruto de la estupidez humana, y tu vida, con tu angustia y tu pesar, con esas cosas que te rodean, con cada paso y cada palabra proferida, y con tu efímera felicidad, se repetirán una y otra vez –como los vagones de este tren interminable que pasa delante de mis ojos– y cada vez igual a la anterior, desde un infinito pasado hacia un infinito futuro. Una y otra vez en un eterno acontecer de nacimientos y finales. Una y otra vez invariables, indistinguibles. Y así, como no podes evitar esta vida, tampoco podes evitar las otras, que son copia fiel de esta que en la que hoy estas metido. Y sabiéndote obligado a esas repeticiones, obligado te sentís a que cada una de esas no sea un mal rato sino un regocijo espiritual.
En esa tácita obligación radica lo maravilloso y fascinante de la tesis. En hacer al hombre la responsable de su ser y sobre todo en darle un fundamento para ser responsable.
Pero como cualquier noción de la eternidad el retorno de lo mismo, al ser un eterno suceder, también asusta. Ese círculo –infinito como todo circulo– tiene que asustar. Cargar con esta vida que será una y otra vez y que ya fue infinitas veces, o dicho de otro modo, esta vida que fue una vez e infinitas veces se repitió y se repetirá exactamente igual, es un peso aterrador. Esa innecesaria repetición nos impone una carga difícil de soportar, cargar con nuestros actos para toda la eternidad esta más allá de lo que un alma humana es capaz de llevar. Cargar con la cruz y la agonía, con nuestros fracasos, con esas cosas que no hicimos en su debido tiempo y ya nunca haremos. Cargar con eso para siempre aterra. No en vano el mismo Nietzsche la llamo la carga mas pesada.
Entonces si esta vida ya fue ¿no estamos condenados por un pasado invariable acaso? ¿No es esa carga como la piedra que Sísifo una y otra vez debe empujar? Condición para el retorno de lo mismo es el olvido, y ante el olvido no queda más remedio que vivir como si fuera la primera y la única vida que vivimos. Es ahí donde esa carga moral se hace presente como algo positivo, donde el retorno nos obliga a vivir de modo que esta vida, y por ende las otras, sea un motivo digno de vivir. Asumiéndola como la primera pero no olvidando que serán innumerables. Es ahí donde la vida y su regreso dejan de ser una carga, donde cortamos la cabeza de esa víbora maldita. Tomándonos esta vida como algo que hacemos ahora y para siempre es donde rompemos el círculo. Si no lo tomamos de ese modo el único camino es el estoicismo pasivo y resignado.
El Eterno Retorno no es reencarnación. La reencarnación es débil frente al eterno retorno. Los días y las noches de Brahma admiten vidas diferentes. El alma viviendo vidas diferentes. El alma con una segunda oportunidad. Porque somos flojos, somos vagos, tenemos la costumbre de dejar todo para mañana. ¿Para que ser mejores en esta vida si después hay otra? El Karma, causa y efecto, la próxima será mas difícil, mas sufrimiento y el Nirvana mas lejos… No importa, esta vida viene mal barajada, ya estamos cansados, no da para mas, mejor pasemos esta como se pueda y en la próxima lo hacemos mejor.
En ese sentido la idea de la reencarnación es más benigna, no tiene el efecto imperativo que tiene el Eterno Retorno. No provoca el pavor que causa la idea de Nietzsche. Pero no por eso nos quita la responsabilidad de vivir la vida de modo que valga la pena vivirla, de buscar la felicidad, entendiendo la felicidad como un estado de plenitud ajeno al dolor.
En la reencarnación nuestra alma guarda memoria de su pasado. En el retorno de lo mismo el olvido es condición indispensable para que sea valida la tesis. Aun una memoria universal, un ser superior que lleve la cuenta de los ciclos, invalida la idea. Por eso cosas como exponer un déjà vu como prueba es asumir una ruptura en la física que hace a las repeticiones del universo. Y una ruptura, una falla lleva a una modificación del presente ciclo, lo que destruye el argumento del Eterno Retorno.
Pero si el olvido es absoluto, es intrínseco al universo mismo ¿Qué dice que una repetición sea igual a la anterior y la siguiente igual a la actual? Se me ocurre aquí, como una hipótesis poco meditada, la idea de ciertas condiciones iniciales de orden metafísico, algo así como una metacosmogonía, aunque no se que puede implicar una cosa así. No pretendo probar o refutar la doctrina pero he de decir que en términos de cantidad de átomos –o en realidad partículas– en el universo –es decir materia– o en términos de energía como la intento exponer Nietzsche –lo que en definitiva es lo mismo: E=mc2– la teoría quántica vuelve imposible la tesis, la refuta del vamos, y es por eso que recurro a esa idea de orden metafísico para explicar la igualdad de cada ciclo. Y a partir de ahí un determinismo de orden superior al físico.
Vuelvo a la idea y su implicancia, a su tono imperativo, a su aterradora invitación a vivir la vida de modo que deseemos volver a vivirla. Y me produce escalofríos: otra vez lo mismo...
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