jueves

El retorno de lo mismo

Una noche, una de esas en que tu alma mísera se corroe en cavilaciones absurdas y ciegas, desde un rincón aun inmaculado de tu ser irrumpe un pensamiento. Una revelación: La idea del Eterno Retorno que desde hace tiempo da vueltas por tu cabeza se muestra de golpe clara y sublime ante tus ojos. Y así develada con su inmensa carga te obliga, como ningún dios ni ningún hombre puede obligarte jamás, a querer tu vida, esa vida que será infinitas, y a entregarte en todo a vivirla y ser feliz, ya que infinitas veces tendrás que repetir cada escena de tu drama.

Esa doctrina desquiciada a la que Nietzsche le imprimió su impronta moral poniéndola en boca de Zaratustra –pero que antes se encuentra en los pitagóricos y en el estoicismo– dice que este mundo, este universo, y con él cada hombre y su escenario, cada muerte y su olvido, cada cuerpo mutilado por espadas infames o por perversas bombas fruto de la estupidez humana, y tu vida, con tu angustia y tu pesar, con esas cosas que te rodean, con cada paso y cada palabra proferida, y con tu efímera felicidad, se repetirán una y otra vez –como los vagones de este tren interminable que pasa delante de mis ojos– y cada vez igual a la anterior, desde un infinito pasado hacia un infinito futuro. Una y otra vez en un eterno acontecer de nacimientos y finales. Una y otra vez invariables, indistinguibles. Y así, como no podes evitar esta vida, tampoco podes evitar las otras, que son copia fiel de esta que en la que hoy estas metido. Y sabiéndote obligado a esas repeticiones, obligado te sentís a que cada una de esas no sea un mal rato sino un regocijo espiritual.
En esa tácita obligación radica lo maravilloso y fascinante de la tesis. En hacer al hombre la responsable de su ser y sobre todo en darle un fundamento para ser responsable.
Pero como cualquier noción de la eternidad el retorno de lo mismo, al ser un eterno suceder, también asusta. Ese círculo –infinito como todo circulo– tiene que asustar. Cargar con esta vida que será una y otra vez y que ya fue infinitas veces, o dicho de otro modo, esta vida que fue una vez e infinitas veces se repitió y se repetirá exactamente igual, es un peso aterrador. Esa innecesaria repetición nos impone una carga difícil de soportar, cargar con nuestros actos para toda la eternidad esta más allá de lo que un alma humana es capaz de llevar. Cargar con la cruz y la agonía, con nuestros fracasos, con esas cosas que no hicimos en su debido tiempo y ya nunca haremos. Cargar con eso para siempre aterra. No en vano el mismo Nietzsche la llamo la carga mas pesada.
Entonces si esta vida ya fue ¿no estamos condenados por un pasado invariable acaso? ¿No es esa carga como la piedra que Sísifo una y otra vez debe empujar? Condición para el retorno de lo mismo es el olvido, y ante el olvido no queda más remedio que vivir como si fuera la primera y la única vida que vivimos. Es ahí donde esa carga moral se hace presente como algo positivo, donde el retorno nos obliga a vivir de modo que esta vida, y por ende las otras, sea un motivo digno de vivir. Asumiéndola como la primera pero no olvidando que serán innumerables. Es ahí donde la vida y su regreso dejan de ser una carga, donde cortamos la cabeza de esa víbora maldita. Tomándonos esta vida como algo que hacemos ahora y para siempre es donde rompemos el círculo. Si no lo tomamos de ese modo el único camino es el estoicismo pasivo y resignado.
El Eterno Retorno no es reencarnación. La reencarnación es débil frente al eterno retorno. Los días y las noches de Brahma admiten vidas diferentes. El alma viviendo vidas diferentes. El alma con una segunda oportunidad. Porque somos flojos, somos vagos, tenemos la costumbre de dejar todo para mañana. ¿Para que ser mejores en esta vida si después hay otra? El Karma, causa y efecto, la próxima será mas difícil, mas sufrimiento y el Nirvana mas lejos… No importa, esta vida viene mal barajada, ya estamos cansados, no da para mas, mejor pasemos esta como se pueda y en la próxima lo hacemos mejor.
En ese sentido la idea de la reencarnación es más benigna, no tiene el efecto imperativo que tiene el Eterno Retorno. No provoca el pavor que causa la idea de Nietzsche. Pero no por eso nos quita la responsabilidad de vivir la vida de modo que valga la pena vivirla, de buscar la felicidad, entendiendo la felicidad como un estado de plenitud ajeno al dolor.
En la reencarnación nuestra alma guarda memoria de su pasado. En el retorno de lo mismo el olvido es condición indispensable para que sea valida la tesis. Aun una memoria universal, un ser superior que lleve la cuenta de los ciclos, invalida la idea. Por eso cosas como exponer un déjà vu como prueba es asumir una ruptura en la física que hace a las repeticiones del universo. Y una ruptura, una falla lleva a una modificación del presente ciclo, lo que destruye el argumento del Eterno Retorno.
Pero si el olvido es absoluto, es intrínseco al universo mismo ¿Qué dice que una repetición sea igual a la anterior y la siguiente igual a la actual? Se me ocurre aquí, como una hipótesis poco meditada, la idea de ciertas condiciones iniciales de orden metafísico, algo así como una metacosmogonía, aunque no se que puede implicar una cosa así. No pretendo probar o refutar la doctrina pero he de decir que en términos de cantidad de átomos –o en realidad partículas– en el universo –es decir materia– o en términos de energía como la intento exponer Nietzsche –lo que en definitiva es lo mismo: E=mc2– la teoría quántica vuelve imposible la tesis, la refuta del vamos, y es por eso que recurro a esa idea de orden metafísico para explicar la igualdad de cada ciclo. Y a partir de ahí un determinismo de orden superior al físico.

Vuelvo a la idea y su implicancia, a su tono imperativo, a su aterradora invitación a vivir la vida de modo que deseemos volver a vivirla. Y me produce escalofríos: otra vez lo mismo...

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lunes

Edificios


No tiene importancia como, ni seguramente donde, pero si estoy escribiendo esto es por que en alguna dimensión aun existo, aun mortal y material.
Es vago mi recuerdo de la biblioteca de la Facultad de Ciencias, que revolví aquella tarde, no recuerdo libros que ahora sepa escritos, si talvez oníricas versiones, carentes de rigor, de equaciones matemáticas.
Fue el reloj -incansable secuaz del tiempo- el que dictaminó que tenia que dejar el lugar. Abandoné la biblioteca por donde siempre, aunque quizás sin rumbo, crucé la playa de estacionamiento de la facultad y no me pareció distinto de otras veces. Tampoco el descampado contiguo que debía atravesar hasta llegar a la calle. No habían cambiado ni el sendero de tierra, ni las dimensiones, ni las formas del terreno. Ni tampoco los árboles cercanos ni la verja blanca que marcaba el limite del campus eran distintos. Pero el cielo, el cielo se veía diferente. Parecía que alguien lo hubiera pintado con acuarelas en diferentes tonalidades de rojo, anaranjado y amarillo. Y los edificios de enfrente, adonde me dirigía parecían solo dibujos. Se veia como una pintoresca caricatura el lugar.
Sin saber porque comencé a correr. Así hasta llegar al borde del campo. Apoye un pie en la verja y me impulsé hacia delante esperando caer en la vereda. Sentí que mis pies tocaban el piso y me volvían a impulsar. Y así caí en un rectángulo de cemento. Sin entender que había sucedido ni donde estaba mire por el borde de ese rectángulo y supe que estaba en el techo de un edificio y varios pisos me separaban del suelo. Volví a mirar, desconfiando de mi primera impresión, y confirme que la calle que debí cruzar y el sendero por el que camine -o corrí- estaban muchos metros abajo. El miedo me rozo el cuerpo pero sin desesperar busque una forma de bajar. El techo donde estaba tenia varios desniveles pero ninguna puerta. Salte al edificio contiguo, pocos centímetros los separaban, parecía mas chico que el otro pero también con desniveles y sin puertas. Sentí el viento y el temor fue mayor. Cruce al edificio que seguía, sin duda era mas pequeño, aunque quizás mas alto. Salte al techo siguiente y al siguiente y cada uno al que llegaba era mas pequeño y mas alto que el anterior, ahora ya no tenían desniveles. Miraba atrás y veía que donde había estado antes se encontraba varios metros mas abajo.
No sé a cuantos techos salté, solo recuerdo que el viento se hacia insoportable, la altura, el vértigo...
No sé tampoco como llegue aquí, estoy sentado en un pequeño rectángulo, miro a mi alrededor y solo veo un cielo azul, hacia abajo se ven algunas nubes y talvez miles de metros mas abajo la tierra.

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domingo

Desilusión

Imagino un anciano en la antigua China. Maestro de la paciencia. Un hombre sabio. Los pelos largos y canos, bigotes negros cayendo a cada lado de la boca y el rostro adusto. Concentrado en sus tareas como si fuera de su mundo nada ocurriera. Mientras con su mano izquierda acaricia su larga pero ordenada barba con la derecha, ayudándose quizás por unas pinzas, coloca la última pieza de madera al diorama que esta creando. El diorama del universo. Esa obra fabulosa, miles de piezas dispuestas en un perfecto orden y combinadas con una precisión asombrosa. Es gigante, es eterno, es fantástico. Pero es inútil, vano, absurdo. Es imposible.
Encerrado en tu agonía, contemplando la tristeza de tu alma creás también un diorama. Este es menos ambicioso pero aun así menos creíble. Menos consistente también. Y tan inútil y tan absurdo como aquel. Con una paciencia infrecuente, ungida con vaya a saber que droga, construis un castillo de naipes.
Cada naipe, cada sueño, colocas suavemente en su lugar. Con sincronía asombrosa uno a uno los vas poniendo en su sitio. Les das un lugar en tu futuro. Cada vértice que forman dos cartas cualquiera asocias ingenuamente con un instante de tu vida. Con un feliz instante en esos días por venir.
Cada muro, cada recóndita habitación imaginas. Elevas la torre a las alturas y en la cima, en esa habitación a la que armado caballero llegarás un día, pones una princesa.
Ese castillo de naipes es tu mundo. Pero es inestable, es aire. Son finas placas de cartón. Y así es que mientras contemplas con esperanzas la obra de tu más sagrada ilusión, de la realidad emerge una palabra. Un soplido que deviene en huracán. Y el castillo de naipes se derrumba.
Contemplas atónito las cartas desparramadas por el piso. Maldecís inútilmente. Otra ilusión se ha deshecho en la nada. Te sentis acabado. No hay mas caminos, no hay salida, no hay nada delante de tus ojos. Un vacio incomensurable te envuelve. La indiferencia de la gente clava sus puñales en tu espalda sin que ellos lo sepan siquiera. Han olvidado que sos alguien, que tenes sueños tan validos como los de cualquiera.
Queres vomitar y con el vomito expulsar tu alma, tu vida. Pero no, el suicidio no es tu opción, no aun, asi que tragas saliva, levantas uno a uno los naipes, los mezclas y para regodearte en tu miseria te pones a jugar al solitario.

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sábado

Lunáticos

Anoche estuve conversando con alguien, a quien no nombraré, y me contó que en la luna la gente que allí habita -los lunáticos- ha encontrado la forma de volar por los cielos sin necesidad de extrañas máquinas, si bien en un principio me pareció extraño luego de que me mostrara una foto de la luna comprendí que para ellos eso era vulgaridad. La fotografía era de la calle principal de la ciudad principal y en ella toda la gente caminaba.


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jueves

Los Insectos

Le sangraban los ojos, la nariz, la boca. Tenía las manos lastimadas y ya no soportaba los pies gangrenados adentro de las botas. Estaba completamente mojado y cubierto de barro y sangre. Sentía frío. Las tripas le hacían ruidos de hambre, tenía fiebre y sabía que en cualquier momento comenzaría a delirar. Aun así seguía luchando por su vida, si se dejaba atrapar los insectos serian implacables con el. Hacia días que estaba escapando, en principio solo lo hacia por la noche pero desde ayer que había comenzado a llover se sentía protegido y podía huir durante el día también.
Se agazapo entre unos arbustos, junto a un montículo de tierra, y observo el panorama. Se encontraba a la vera del camino, flanqueado por los sembradíos por los que venia marchando desde que abandono el pueblo unas horas antes, al amanecer. Podía seguir por ese camino, pronto llegaría a Trelen pero seguramente ya estaría tomado también. Decidió continuar por los maizales y buscar alguna casa o cobertizo donde refugiarse y descansar un poco. Aun así era consciente de que si paraba de llover los insectos arrasarían esos sembrados como ya habían arrasado los campos del oeste, desde donde venían avanzando y destruyendo todo a su paso, y si el estaba allí en ese momento no tendría escapatoria. Se arriesgo, cruzo el camino, salto el alambrado y entro en el campo del frente. La lluvia se hizo mas intensa y por un segundo hasta disfruto del olor de los maizales en la época de lluvias, le recordó su infancia.
Camino durante un par de horas mas, los pies se le hundían en el barro y se le hacia dificultosa la marcha. Daba unos pocos pasos resbalándose y caía de bruces contra el piso. Solo por su instinto natural de supervivencia podía levantarse y continuar. Aun así, por encima de las plantas de maíz, alcanzo a divisar un molino de viento. Por el agua que caía la visibilidad era escasa así que el molino no debía estar muy lejos. Talvez un centenar de metros o menos. Le costaba mantenerse en pie pero apuro el paso, sacando fuerzas de lo mas profundo de su ser, y a los pocos minutos logro salir del maizal. Se encontró junto a un tinglado, en cuyo frente se mojaba un tractor, mas allá estaba el molino junto a un tanque australiano y mas alejado siguiendo la huella dejada por el paso de los vehículos entre el pasto, había una pequeña casa.
Se encamino hacia la casa, cuando estuvo mas cerca pudo notar que la puerta se abria y se cerraba golpeándose a causa del viento. Supuso que no habría nadie allí adentro por lo que entro sin pedir permiso. Recorrió rápidamente la casa para ver que encontraba. La puerta de entrada daba a una sala que hacia de comedor y cocina, junto a la puerta había una ventana cerrada, a la que le corrió las cortinas para que entre un poco de luz, mas allá otra puerta daba a una habitación y junto a esta, otra mas pequeña daba ingreso al baño. Luego de comprobar que allí no había nadie volvió al comedor y trabo la puerta de ingreso con un alambre que hacia las veces de cerradura. Se sintió protegido, lo que le dio fuerzas para buscar algo que comer y luego dormir un poco.
Encontró un poco de pan viejo y una galletas húmedas que devoro al instante, luego de encontrar los fósforos en un cajón de una alacena encendió una lámpara a kerosén que había sobre la mesa, ahora podía ver un poco mejor. Luego de hurgar un poco mas por la casa encontró ropa limpia y seca, se seco y se mudo de vestimenta. Después pudo calentar agua y tomarse un té caliente, ya se sentía mejor. Verifico que estuviera todo bien cerrado, corrió la mesa para trabar la puerta con esta y se dirigió al dormitorio. En la mesa de luz junto a la cama encontró una pequeña radio a pilas, la encendió con la esperanza de escuchar alguna noticia de lo que estaba sucediendo. Apago la lámpara y se acostó. Necesitaba dormir pero igual puso la radio en la almohada, junto a su cabeza, para tratar de escuchar algo. En algunos puntos del dial se escuchaba un intenso zumbido, no era el ruido que hace una radio cuando no agarra ninguna estación, ese zumbido significaba otra cosa. Luego de un rato logro captar una voz humana, la señal era muy débil y por momentos se perdía en la distancia. Lo poco que logro interpretar de lo que escucho era que se estaba organizando una resistencia pero había pocas esperanzas, los insectos eran miles de millones. Apago la radio y se durmió.

Abrió repentinamente los ojos, la luz que se colaba por las cortinas de la ventana lo encegueció por un instante. El zumbido era intenso, cruel, aterrador. Cada vez se escuchaba más fuerte, más y más fuerte y más cercano. Se dio cuenta que había salido el sol, los insectos arrasarían el lugar. Se asomo por la ventana y vio una nube negra sobre los maizales, a cada segundo se veía mas cerca y el zumbido se hacia mas intenso, ya lo aturdía. Corrió al comedor, observo que bajo la puerta entraban miles de hormigas, por las ventanas entraban miles de pequeños bichos voladores. Supo que era el fin, ya nada le quedaba por hacer.

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viernes

Condenado

Desconozco el crimen que cometí. Leve a mis inutiles ojos, pero horrendo debió ser.
No se de que soy culpable.
No hubo juicio. A lo sumo, entre brumas y oscuridad, en un arrebato de insensatez y venganza se reunió un tribunal y examinó mi caso.
No recuerdo tal pesadilla.
No tuve defensa. No tuve opción de entenderme con los acusadores.
Una noche, como cualquier noche en que la mayoría de las almas reposan en paz y los sueños engendran consuelos absurdos, yo fui condenado.
Se emitió, sin atenuantes la sentencia que dictaminó mi castigo.
Debio ser de noche. Solo en la noche se devela la miseria de un alma.
Ya no hay apelación posible. Ya no hay perdón. Ya el Hades es mi morada.
Ya siento el desprecio y el rechazo. Los escupitajos en la cara y el menosprecio en las miradas.
El tormento no acabará. La eternidad se encargará de velar por que cumpla mi pena.
Para el mundo pronto caeré en el olvido. Las vidas continuaran su inútil devenir.
Ya he sido condenado y estoy pagando mi crimen, que aun ignoro. Mi alma, inmunda, ya se quema en el infierno.
No se compadezcan. Solo les pido que de vez en cuando me traigan cigarrillos a la cárcel. Por un pequeño soborno Cerbero, mi impasible carcelero, os dejará pasar a visitarme.

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jueves

La esperanza desespera

Lo último que se pierde es la esperanza. ¿Que cagada no? Ojala sea lo primero que perdemos, lo primero que olvidamos, que desterramos de nuestra corazón.
Pero no! La muy hija de puta se obstina en seguir mintiendonos, haciendo creer en el mañana que pintan nuestros deseos. Es una mentira que nos hacemos a nosotros mismos. Perdemos hasta la dignidad, hasta el mas sagrado atributo humano: nuestra capacidad de razonar, bloquea nuestra mente, pero la esperanza sigue ahi. Mintiendo, mintiendo, mintiendo...

Nos hace ver ver un espejismo. De un quizás o de un nunca, que mas da, nos entrega una fantasía. Un futuro que no es. El futuro es ese espejismo que regala a nuestro insensato corazón. El futuro que no está, que aun no llegó, y que llegará después creado por designios del azar o por caprichos ajenos. Y mas vil aun, la esperanza, quizás por la costumbre que tenemos de hacer uso de ese sentimiento vano, hasta nos hace creer que podemos cambiar el pasado. El pasado que ya fue, que se deshizo en la nada, que echó a suerte y verdad a la realidad.
Asi, tan inutil tener esperanza como no hacer nada. Por que si algo hacemos confiados en la esperanza lo hacemos, mal que nos pese, confiados en un talvez, en un quizás, en un a lo mejor sale, a lo mejor se da, a lo mejor... Lo hacemos con dudas, con dudas que nos niegan un verdadero amor a nuestra obra.
La esperanza es miedo, angustia. La angustia ante un futuro distinto del soñado. Y el miedo ante las cosas como son. Ante la inapelable realidad.
La esperanza es otra cobarde huida. No mas que eso. Es nublar los ojos ante la posibilidad de un golpe o ante la irremediable crueldad del mundo. Es tratar de escapar falazmente de lo que es innegable a nuestro juicio. La negación de que lo posible es a lo sumo eso, posible, sino imposible.
La esperanza es dolor. El dolor que provoca no aceptar las cosas como son. Es amar a alguien y creer que esa persona te corresponderá con su amor. Mientras la realidad inconmovible te muestra que ese amor no es tuyo y se aleja cada día mas. Que la persona a la que amas dirige su vida hacia otro lado. El dolor de saber que inutilmente desvias tu mirada para no ver la realidad. Pero la realidad esta ahí, lo sabes, la sufris y aun asi tenes esperanza. Y esa esperanza en lugar de sacarte de ese torbellino de rechazo mas te adentra y mas dolor sentis por ese amor no correspondido.
Es el vicio que nos mata lentamente mientras nos mantiene vivos torturandonos.

Vivir sin esperanza. Eso, vivir. El aqui y ahora. Asumir la fatalidad de la vida y no esperar nada del minuto siguiente. Ese minuto incierto. Olvidarse de cambiar el ayer que es tan imposible como el mañana soñado y desterrarlos de nuestra mente. Por que el mañana no hay que soñarlo, hay que hacerlo. Hay que ser parte de ese mañana, pero mañana. Aunque lo construyamos hoy. Siempre sin caer en la vulgaridad de tener esperanza sino con la certeza de saber como es el ahora.

Una vida sin esperanza, sin sueños inutiles, al contrario, con la seguridad que da haber aceptado el absurdo de existir y la inexplicable fatalidad de tener que ser ante circunstancias que cambian por razones ajenas a nosotros, razones propias de otras personas o del impredecible azar del universo.

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miércoles

La Noticia


La noticia era vieja, yo lo sé. Ustedes lo saben. Hablaba, entiendo, del tiempo. O del paso de los sueños y la luna. El transcurrir decía, no es mas que reemplazo de un futuro imposible por un presente improbable. El pasado decía, no es mas que tu ilusión de ser inmortal. Y el futuro decía, es como el cielo nocturno: lo miras, lo estudias pero nunca lo descubres realmente.
La noticia estaba escrita, lo sabemos, en una lapida. La lapida era gris, fría, granítica. Bajo esa lapida que importa que rey reinaba, allí en ese rectangular reino bajo tierra. Lo que importa, así lo entiendo, era la soledad que envolvía ese lugar. El lugar, una planicie descabelladamente inmensa, no infinita, el cielo azul en el cenit y rojizo sobre el horizonte era su limite, así lo vimos.
No había un árbol cerca, solo esos arbustos bajos que inundan esta pampa. Había piedras, ahora lo veo, en una estaba sentado, ustedes lo vieron. Era flaco, alto creo yo, tenia unos lentes redondos y vestía un pantalón vaquero y una remera que decía New York City. Me acerque a él, me saludo amablemente mientras encendía un cigarrillo, me deseo suerte y me dijo que debía irse. Se puso de pie y lentamente se alejo por el camino, silbando una bonita melodía. Yo lo vi, ustedes lo saben, algo había fumado yo esa tarde pero sé que era él. No lo soñé.
Volví a la lapida, allí sentados en circulo estaban, comenzaron a discutir sobre el significado de la noticia. Decidí alejarme, dejarlos en sus problemas metafísicos y marcharme. Empecé a caminar, a caminar, a caminar....
Camine días, o segundos no sé, perdí la cuenta apenas emprendí la marcha. Y pensaba, pensaba en ella. La amo, lo sé, ya todos lo saben. La amo, si, la amo.
Una noche, ¿importa acaso cual?, miré atrás y vi el camino, no había avanzado mucho, allí estaba la lapida. Allí estaban sentados en circulo mirándose las caras y hablando del dólar, el viento me traía sus palabras. Mire hacia arriba, vi miles de estrellas. Y mire hacia delante. Vi la Ciudad. Era hermosa, yo lo sé, ustedes lo saben, ellos no. Las luces, el humo, la música. La música, si, la música. Vi la ciudad, allí iba y allí quería estar.

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martes

El Ser y el Blog

¿Otro blog? Bueno si, otro blog. Pero este es mio. Aunque no tiene razón de ser, solo es una pagina de internet mas entre los miles de millones q hay en la red. Pero tampoco nosotros o estas cosas q me rodean tenemos una razón de ser. Un justificativo para nuestra existencia. ¿O solo sera q mi entendimientos es muy limitado como para encontrarle un justificativo a mi existencia? Es igual.
Pienso, luego, existo. ¿O al revés? Me gusta mas al revés. Existo, luego, pienso. Es falso. Hay cosas q existen y no piensan. A menos q las piedras piensen. Bueno, hay piedras q piensan mas q algunas personas. Pero también esta eso de la existencia precede a la esencia. Y si el pensar pertenece a la esencia del hombre entonces existo, luego, tengo la esencia del hombre, luego, pensar es parte de esa esencia, luego, pienso. Pero asumo una esencia del hombre. ¿Y el hombre existe como una idea platónica? Mmmm, no. Existís vos, existo yo, existe Andrea, existe Juan. Pero compartimos una esencia: ser seres humanos. Pero... Uh, q quilombo. Mariana vení salvame!!!
A lo q iba es a q si existo, esencio
(1), pienso entonces puedo o debo buscar una razón para este ser -verbo-. Y si no hay razón para este ser o si habiéndola escapa a mi entendimiento entonces este ser sera algo absurdo. Como la maquina del mundo es harto compleja para la simplicidad de los hombres [Borges] poco importa si uno es un ínfimo engranaje en esa maquina y el problema se haya reducido a entender el funcionamiento de esa maquina. Si a causa de existir pienso -o al revés- y no puedo pensar esa razón es como si esa razón no existiera. Al menos para mi q soy en este caso el q es y busca un porque a este ser. A esta vida en definitiva.
¿Pero q son las razones para ser q busco? Bueno, la respuesta a la pregunta del millón: ¿Por que vinimos al mundo? O en mi caso: ¿Por que y para q vine al mundo? ¿Por que el mundo necesita de mi vida?
Pará!! Stop!!!!
Es fácil solo hay q buscar una razón un motivo para vivir. Plantearse un objetivo en la vida. Buscarlo, crearlo. Crecer personalmente, formar una familia, ganar dinero. Y lo mas importante: ser feliz. ¿Eh?
No!!! Esas son las formas de escapar al problema, de hacer la existencia llevadera. Pero escapando al fin. O en todo caso son defensas de nuestra mente para no enloquecer(
2). ¿O no? Vamos, esas son excusas, encontrar un justificativo a la existencia en esas cosas q son efímeras como la vida misma -o aun mas efímeras- es no justificar nada. Por que la felicidad es nada, es un instante. El resto es lucha, una lucha inacabable, sin paz. Si nos planteamos objetivos, metas, cuando los alcanzamos nos llega ese instante de felicidad ¿pero vale tanto ese instante como para justificar el estar aca?.
No quiere decir q este en contra de todo eso, al contrario, es de hecho el camino q todos deberíamos tomar y aceptar sin preguntar demasiado. Pero aun tomando ese camino y buscando la felicidad con progreso, familia y dinero, sobre todo con eso ultimo, uno puede preguntarse por que mierda vinimos al mundo.
¿Y q hay de la vida eterna, la reencarnación, el eterno retorno, etc? Que locura eso del eterno retorno. Cristo crucificado en la cruz una vez es terrible pero la escena repitiéndose infinitud de veces es realmente atroz. ¿Porque el ejemplo de Cristo? Preguntenle a Kundera q lo usa en La insoportable levedad del ser y es donde entendí -o creo haber entendido- lo bello y terrible de la tesis del eterno retorno.
Volviendo al tema. Si necesitamos religiones y tesis q escapan al aca y ahora es por q no son validos tampoco los justificativos mundanos de libro de autoayuda, es decir salud, dinero y amor. Bueno lo libros de autoayuda son otro tema: algo así como para encontrar la felicidad tenes q ser feliz, pero no viene al caso criticarlos ahora. A lo q voy es a q con promesas de felicidad futura no superamos la angustia actual. Pero mas allá de eso tampoco tiene sentido hacernos sufrir una vida o varias como desgraciados para después regalarnos felicidad eterna o castigo eterno. Así q ahí tampoco esta la razón de vivir, la razón de ser.
La existencia o no de Dios tampoco nos justifica. A decir verdad encontrar un fundamento a Dios es el mismo problema q encontrar un fundamento a un Universo sin Dios. Ese pensamiento esta demás acá pero lo dejo por que me pareció interesante.
¿Y si la razón de nuestra existencia no son las cosas de nuestra realidad y tampoco hay razones universales q hacemos? Nada.
¿Pero algo debe haber? Bueno, no, no hay en ultima instancia nada q nos justifique, q sea una razón para estar acá. El ser es un absurdo. ¿Entonces porque el ser y no nada? Por nada.
Y si nada hay fuera de mi propio ser q me de razones para vivir ¿q hago? Pues vivir. Aceptar la inutilidad universal del ser y vivir. Asumir nuestra responsabilidad sobre nuestra propia vida, tomar la carga de nuestra propia existencia, y justificar nuestro ser por nuestro ser mismo. Y al saber q la vida es algo absurdo y aceptarlo es inevitable caer en la felicidad plena.

¿Y q hay de la razón de ser de este blog? Ah, el blog. Solo quiero compartir cosas q escribo o q pienso o q tengo ganas de escribir. En lugar de escribirlas para nadie las escribo para los trasnochados q pasan por acá. Aunque no espero muchos trasnochados realmente, mas espero q mis amigos de vez en cuando se den una vuelta para estar al tanto de mi deterioro mental.

£µ¢ianø


1 Del verbo esenciar. Participar de una esencia. Del diccionario de mi blog.
2 Si son defensas de la mente a mi me hacen falta antibióticos para el cerebro.